martes, 15 de diciembre de 2015

Juan de Merlo, un caballero profesional (y II)

Este caballero, tan admirado por don Quijote --y por tanto en buena parte de los reinos hispanos del finales del XVI y principios del XVII-- no quiso ser solo un caballero adalid en la lucha contra el reino nazarí de Granada o contras los reinos cristianos peninsulares. La fama, él lo sabía bien, venía de más allá de los Pirineos. Y allí fue a buscar fama y gloria. A Francia y Alemania. Y allí las consiguió. Tanta como para sobresalir entre los mejores caballeros de su época.
            La costumbre, tan común entre los caballeros de las tierras europeas de asistir a combates en otros reinos, procurando pregonar en todos ellos sus justas, no era tan común en los reinos peninsulares, ocupados todavía en las luchas fronterizas contras los moro nazaríes.
            Juan de Merlo, cuéntase, fue retado por un caballero borgoñón, Pierre de Beauffremont, señor de Charny, de la casa del duque Felipe de Borgoña, quien, aunque no era rey, era más principal que los reyes europeos. La justa se celebró en la ciudad de Ras o Arrás, en la Picardía, para celebrar la paz de Arrás entre el rey Carlos VII de Francia y Felipe el Bueno de Borgoña. Aunque De Merlo contó con la hostilidad de los borgoñones, el día 11 de agosto de 1435 --tras haber probado sus armas en el Passo Honroso de don Suero de Quiñones--, tras cambiar de caballo, pues el primero que montó se mostró huidizo, e intercambiar varias lanzas, rompió una en su adversario y resultó ganador al herirlo. Como premio, el duque Felipe de Borgoña le dio una vajilla de plata de "setenta o ochenta marcos". De aquí partió para Alemania, en concreto a Basilea, donde luchó contra Enrique de Remestán, quien no fue fiel al espíritu caballeresco, pues en la lucha que mantuvieron a pie, Remestán trucó el hacha despojando del guardabrazo a De Merlo, por lo que los jueces pararon el combate, otorgándole el honor de la victoria al guarda mayor de Juan II de Castilla.
            Juan de Merlo fue un caballero profesional, que no faltó a las leyes que regían este estamento. Fiel a su señor, supo escalar en la Corte, aunque la verdad es que fue una persona valerosa y cualificada. Prudente con su señor, hizo méritos y se comportó orgulloso con los inferiores a don Álvaro de Luna. Sólo buscó fama y prestigio en las cortes europeas, para más lustre de su señor. Hombre servicial, luchó contra los moros en la frontera; contra los cristianos a favor de los intereses de su amo y pereció como los héroes, en una lucha interna entre las huestes del maestre de Calatrava y el comendador de Segura. Unos 600 guerreros por cada bando se enfrentaron, muriendo numerosos de ellos, entre los que se encontraba Juan de Guzmán --primogénito de Luis de Guzmán, maestre de Calatrava-- , sufriendo Rodrigo Manrique, comendador de Segura, grandes heridas. Murieron valerosos caballeros y numerosos caballos, castigando don Juan de Merlo tanto a sus enemigos que su ímpetu hizo que llegara combatiendo hasta la retaguardia de los adversarios, y cuando quiso regresar con los suyos, en un puente unos peones de a pie le cortaron la retirada y murió. El rey sintió expresamente la muerte de su guarda mayor, un caballero profesional en todos los sentidos. En los sentidos que tenían valor en el siglo XV.
            Fue admirado y respetado en la corte castellana y por los aragoneses, franceses, borgoñones, etcétera. Y el mismísimo Juan de Mena, el gran poeta español nacido en Córdoba, amigo del marqués de Santillana y predilecto poeta de Juan II y su valido, don Álvaro de Luna --aunque el cordobés fue crítico con los dos--, le dedicó en su obra princeps, 'El laberinto de Fortuna', unos versos al "lusitano" de Cervantes, a Juan de Merlo, caballero cantado, además de por De Mena, por los principales cronistas borgoñones del XV.
            Un caballero digno de montar a caballo.
            Con su muerte, desapareció uno de los mejores caballeros andantes del mundo, tanto que su profesionalidad fue ensalzada por don Quijote.