lunes, 7 de septiembre de 2015

Pilentum, de Hispania para Roma, un carro de damas

A Encarni.

Puede extrañar que un carro manufacturado en Hispania causara furor en la Roma Republicana, en el Alto Imperio y persistiera su elitismo hasta el Bajo Imperio. Dicen fuentes antiguas romanas que este carro hispano se fabricaba ya en el 450 a de J.C. --no se puede olvidar que en el siglo VII a de J.C. existían carros en Tartessos, como el aparecido en la estela de Ategua (Córdoba)--. De esto se deduce que los carros hispanos ya gozaban de gran prestigio por lo que aumentaban la posición social de sus dueños. Sea como fuere, este carro, el Pilentum o Pilento, fue convirtiéndose en un carruaje legendario, apadrinado para entrar en la mitología cuando el suceso patriótico sucedido allá por el 359 a de J.C. cuando los galos destruyeron Roma y el cónsul M. Fucio Camilo, preclaro representante de una de las estructuras  sociales más antiguas de Roma, la gens Fucia, pidió a las matronas y mujeres pudientes romanas sus joyas para reconstruir la ciudad, por lo que fue llamado el 'Segundo Rómulo' o 'Fundador de Roma'. Ante este gesto generoso, Camilo correspondió con otro: el uso por parte de las mujeres romanas de los carruajes en las solemnidades oficiales de la Gran Urbe, entre ellos el Pilentum.
            Y el Pilentum se exportó a la ciudad de las Siete Colinas desde Hispania; y lo mismo que los británicos en el siglo XIX mejoraron los coches centroeuropeos, los romanos hicieron algo idéntico con el Pilentum; tanto que fue un vehículo de lujo por encima del Carpentum, que estaba destinado a las fiesta, mientras que el Pilentum se utilizaba en las procesiones sagradas.
            El carro de cuatro ruedas, como el Pilentum, se hizo fastuoso, enriqueciéndose, llenándose de lujos y comodidades. No en vano se concedió su uso a las mujeres de las familias romanas preeminentes para asistir a las procesiones más que a los juegos públicos –para ello empleaban el Carpentum o Carpento, vehículo también de lujo pero de dos ruedas--.
            El Pilentum se identificaba más con las vestales y sus ritos sagrados y con actos solemnes no rituales, como los desposorios entre personas de las clases más elevadas, llevando a la esposa a casa del desposado. También se utilizó como vehículo funerario, por supuesto portando en su caja la urna funeraria de personas importantes.
            Pero ¿cómo era este carro ensalzado hasta caso ser el antecedente de las carrozas, fabricado en Hispania y que era exportado como el aceite, el trigo, los metales y los caballos a la capital del Imperio? Pues un carro de lujo, con cuatros ruedas, construido con maderas preciadas, tallado artísticamente, con pilares de plata, también labrados, que sostenían una cubierta ricamente ornamentada como techo; pero, a diferencia del Carpentum, no tenía colgaduras, con la intención de ver y ser vistas en este carro. Iba acondicionado con cojines lujosos para comodidad de sus ocupantes.
            Publio Virgilio Marón, el más alto poeta latino de todos los tiempos, allá por finales del siglo I a de J.C., definió al Pilentum como un carruaje suave y cómodo, debido al mecanismo que hacia que la caja estuviera suspendida para que los movimientos fuertes de los ejes no se transmitieran al espacio destinado a los viajeros, lo que es indicativo del alto nivel técnico de los romanos.
            En definitiva, un carruaje español que durante siglos distinguió a las más selectas matronas romanas y que por la riqueza de sus materiales es el precursor de las carrozas que surgieron a partir del siglo XV en Europa.

            No se conoce cómo era en realidad. Se acompaña una ilustración idealizándolo, aunque aparecer cortinas..