domingo, 26 de julio de 2015

‘Bayard’, el caballo poderoso de los débiles

Parece que el caballo es el que le da poder al hombre, quien en ocasiones es más indefenso que el noble animal, aunque de mente más retorcida, tanto, que no reconoce que estas bestias le otorguen los principios de la justicia y equidad que exigen el ser caballero. Y un hecho que pone de manifiesto que el caballo prefiere estar de parte de lo justo –o, más bien, que el débil desee conseguir la fuerza y el poder que posee el caballo para obtener justicia, más que como instrumento de venganza--  es el que emana de la leyenda medieval francesa de ‘Los cuatro hijos de Aymón’. Parece ser que el gran Carlomagno tuvo una personalidad ambiciosa, tanto que intentó derrotar a su hermano Carlomán. Y parece ser que fue contestado dentro de su reino, surgiendo una leyenda en la que los ‘débiles’ de entre sus nobles, le plantaron cara. Pero su poder era tan grande, que los aplastó a todos. Esta contestación hace que recaigan sombras sobre el considerado padre de Europa. Se trata de una leyenda épica francesa de principios del XIII conocida como ‘Los cuatro hijos de Aymon’. La crueldad y mal genio de Carlos I el Magno con sus súbditos sale a relucir. Renaut, o Renaud, uno de los hijos de Aymón, uno de los nobles fieles a Carlomagno, jugó una partida de ajedrez con un sobrino del emperador, llamado Bertolai, quien debió tener un carácter tan violento como el de su tío, y no estuvo muy conforme como iba transcurriendo el juego, por lo que Bertolai, actuando soberbiamente, golpeó a Renaut, quien pidió justicia al Magno, sin obtener respuesta, matando con el tablero de juego a Bertolai. Ante este hecho Renaut escapó de la corte en su caballo ‘Bayard’, seguido de sus hermanos. Por lo visto ‘Bayard’ era un caballo rápido y fuerte y consiguió llegar en poco tiempo a las Ardenas, donde construyeron un castillo. Vivieron en secreto hasta que el refugio fue descubierto, siendo cercados por el colérico Carlomagno y el padre de Renaud, que se mantuvo fiel al monarca carolingio, aunque los hermanos gozaron de la simpatía y apoyo de gran parte de la nobleza franca, en claro desacuerdo con el también denominado emperador de Occidente. Ante esta situación, los cuatro hermanos tuvieron que huir y lo hicieron montados en ‘Bayard’. Sí, los cuatro hermanos montados en el mismo caballo. Y tan magnífico hubo de ser  ‘Bayard’ que Carlomagno, después de varios avatares bélicos más con los cuatro hijos de Aymon les perdonó la vida y le exigío a Renaut que le entregase el caballo, además de que partiera hacia Tierra Santa como peregrino (aún faltaban unos doscientos años para que se iniciasen las Cruzadas). Y Carlomagno consiguió el famoso ‘Bayard’, un caballo que tenía varias poderes: hablaba con los humanos, era ligero pero con capacidad de transformarse hasta poder llevar a cuatro guerreros armados como los cuatro hermanos y mantener una velocidad extraordinaria. Se cuenta que el malevo Carlomagno intentó matar a ‘Bayard’ ahogándolo, pero el caballo consiguió escapar.
                Los cuatro hijos de Aymont fueron siempre fieles a las normas de los caballeros. Lucharon defendiendo la justicia, pidiendo justicia y no faltando al código medieval. Aunque no poderosos, contaron con el apoyo de parte de la nobleza francesa y el pueblo los admiró. Y en esta admiración y por estas cualidades caballerescas el imaginario popular vio en ‘Bayard’ el elemento  sobrenatural que los haría poderosos para combatir la injusticia. ‘Bayard’ posee las cualidades necesarias para que las personas puedan soñar en vivir justamente. Es un caballo noble, rápido pero que se adapta a las necesidades humanas –aumenta de tamaño para llevar a los cuatro hermanos—y entiende a los necesitados –posee uso de razón y habla con  los mortales--. Es el caballo con el que sueñan los débiles, los oprimidos; el caballo con el que soñaban los vasallos de Carlomagno y los nobles que no aprobaban sus manifestaciones coléricas y soberbias. Es el caballo mágico por excelencia puesto al servicio de los más desfavorecidos, que gracias a él pueden salir de la opresión de los poderosos. Es tal su nobleza que Carlomagno intentó eliminarlo. La grandeza de ‘Bayard’ persistió en la memoria de los europeos, haciéndose eterno en la magistral obra del Ariosto, ‘Orlando furioso’. Y de paso haciendo santo a su dueño, Renaut o Reinaldo, quien trabajo, según se cuenta, en la construcción de la catedral de Colonia, asesinándolo los albañiles y escondiendo su cuerpo.

‘Bayard’, el caballo mágico que no tiene protagonismo, dejándoselo todo al hombre. El caballo que se adapta al hombre y facilita su convivencia en la tierra. El caballo poderoso de los débiles. ‘Bayard’, el caballo que materializa los sueños de los más desfavorecidos.